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Puentes · Identidad y memoria

Recuperar la identidad del cubano

Cómo recuperar nuestra memoria después de décadas de una sola lectura política de la historia.

Identidad y memoria cubana · Puentes · Lectura de 5 min

¿Puede un pueblo recuperar su identidad después de varias generaciones creciendo dentro de un mismo relato político?

La respuesta no está en sustituir una doctrina por otra. Tampoco en borrar la historia ni en convertir el pasado en una nueva batalla política.

Está en algo mucho más sencillo: volver a aprender a pensar por nosotros mismos.

La identidad cubana existía mucho antes de 1959 y sobrevivió después de ese año. Está en nuestra música, nuestra literatura, nuestras costumbres, nuestras familias, nuestra manera de hablar y también en la diversidad de ideas que siempre ha existido entre los cubanos.

Antes de seguir: de dónde viene esa identidad lo contamos en Cuba: una nación que nació mucho antes de 1959. Este artículo es la continuación de aquel.
La identidad de Cuba no pertenece a ningún gobierno, partido ni ideología.

¿Perdimos nuestra identidad?

No completamente.

Pero durante décadas, la interpretación de la historia cubana estuvo condicionada por un sistema político que convirtió determinadas ideas revolucionarias en parte central de la educación, la comunicación y la vida pública.

No es solo una impresión de quien lo vivió. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Human Rights Watch documentan, informe tras informe, restricciones a la libertad de expresión, a la libertad de prensa y al acceso a información plural dentro de Cuba.

Esto no significa que todo lo aprendido durante esas décadas sea falso. Significa que debemos aprender a distinguir entre los hechos históricos y la interpretación política de esos hechos.

No se trata de borrar. Se trata de conocer.

Una sociedad madura no necesita destruir su pasado para construir su futuro.

Necesita estudiarlo completo.

Preguntar quién escribió una determinada versión.

Buscar los documentos que permitan comprobarla.

Escuchar diferentes testimonios.

Comparar fuentes.

Distinguir un hecho de una opinión.

Eso también es recuperar la identidad.

Porque un cubano debería poder estudiar la República, la dictadura de Batista, la Revolución de 1959, el exilio, la emigración, la represión, los logros sociales, los fracasos económicos y las diferentes posiciones políticas sin que nadie le diga previamente qué conclusión debe sacar.

La libertad comienza con una pregunta

La Declaración Universal de Derechos Humanos establece, en su artículo 19, que toda persona tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión, incluido el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas sin limitación de fronteras.

Y en su artículo 26, que la educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana y el fortalecimiento del respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales.

Por eso, recuperar la identidad cubana no debería consistir simplemente en cambiar los libros de historia.

Debería consistir en enseñar a las nuevas generaciones algo todavía más importante:

Que tienen derecho a preguntar, investigar y llegar a sus propias conclusiones.

Una identidad mucho más grande que la política

Cuba es mucho más que su conflicto político.

Nuestra identidad nació de muchas raíces: españolas, africanas, caribeñas, asiáticas y de otros pueblos que fueron formando, generación tras generación, la sociedad cubana.

La UNESCO reconoce varias expresiones culturales cubanas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Entre ellas están la rumba, el punto, la tumba francesa, las parrandas de la región central, el bolero y —desde el 10 de diciembre de 2025— la práctica del son cubano.

Eso demuestra algo importante:

la cultura cubana ha sobrevivido a gobiernos, sistemas políticos, crisis y exilios.

Y continúa transmitiéndose de generación en generación.

Recuperar sin odiar

Quizás este sea el punto más importante.

Recuperar nuestra identidad no debería significar crear un nuevo enemigo.

No necesitamos enseñar a nuestros hijos a odiar a quienes piensan diferente. Necesitamos enseñarles a conocer, comparar y decidir.

Un cubano puede amar a Cuba y tener una opinión política diferente a otro cubano. Puede vivir dentro o fuera de la isla. Puede pensar de izquierda, de centro o de derecha. Puede creer en la revolución o cuestionarla. Puede tener una visión idealizada de la Cuba anterior a 1959 o una visión profundamente crítica.

Todo eso forma parte de la libertad de pensamiento.

No necesitamos una nueva verdad oficial.
Necesitamos libertad para buscar la verdad.

El verdadero puente

Después de décadas de división, emigración y enfrentamientos políticos, quizá Cuba necesite recuperar algo que nunca debió perder: la capacidad de reconocernos como cubanos antes que como adversarios.

La Cuba del futuro necesitará conocer toda su historia.

No una historia escrita para glorificar a unos y condenar a otros.

Una historia suficientemente amplia para que cada cubano pueda estudiarla, cuestionarla y comprenderla.

Porque recuperar nuestra identidad no significa regresar al pasado. Significa conocerlo para poder decidir libremente nuestro futuro.

Un pueblo que conoce toda su historia puede elegir su propio destino.

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Fuentes consultadas
  1. Naciones Unidas — Declaración Universal de Derechos Humanos (artículos 19 y 26)
  2. UNESCO — Elementos de Cuba en las listas del Patrimonio Cultural Inmaterial
  3. Comisión Interamericana de Derechos Humanos — Informe Anual 2025: Cuba (PDF)
  4. Human Rights Watch — World Report 2026: Cuba

Nota editorial: este artículo es una reflexión sobre la memoria y la identidad cubanas, no un trabajo histórico con cada afirmación referenciada línea por línea. Las fuentes de arriba respaldan los datos concretos que se citan —los artículos de la Declaración Universal, las inscripciones de la UNESCO y los informes sobre libertad de expresión—; el resto es una opinión que cada lector puede compartir o discutir.